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Diario fotografico (y epigrafico)

Porque la fotografía es un viaje /
because photography is a journey

pared de durmientes on Flickr.[wall made with railway ties/sleepers]
textura ferroviaria

pared de durmientes on Flickr.

[wall made with railway ties/sleepers]

textura ferroviaria

en el valle de “Corral Chico” on Flickr.queriendo ir de Pailemán a Lonco Vaca para acercar víveres. El agua destrozó los caminos pero dió bastante verdor después de 10 años de seca. Esperemos que vengan mejores años.

en el valle de “Corral Chico” on Flickr.

queriendo ir de Pailemán a Lonco Vaca para acercar víveres. El agua destrozó los caminos pero dió bastante verdor después de 10 años de seca. Esperemos que vengan mejores años.

lo que el viento (no) se llevó on Flickr."…Desde la década del 50 hasta principios de los ’80, se conformó Mina Gonzalito, un pequeño poblado con algo más de 300 familias. Allí, en la más árida estepa patagónica, sin agua ni mínimos servicios, la actividad minera creó un pueblo de la nada…”
Cabe destacar mucha gente de Pailemán y Los Berros (sobre todo) supo trabajar en la mina en tiempos de ovejas y vacas flacas. Pero además, la zona producía frutas, verduras, carne y hasta vino para abastecer al pueblo minero. Mientras estuvimos alojados en el albergue de la escuela de Pailemán, pudimos conocer y compartir algunas comidas con Don Carlos, oriundo de Pailemán, que trabajó en la mina y después se fue a trabajar a la mina de Sierra Grande (donde reside desde entonces). Sería muy extenso colocar aquí su historia de vida y sus anécdotas, así que conseguí una nota (de hace algunos años) con testimonios de gente que vivió en Mina Gonzalito

lo que el viento (no) se llevó on Flickr.

"…Desde la década del 50 hasta principios de los ’80, se conformó Mina Gonzalito, un pequeño poblado con algo más de 300 familias. Allí, en la más árida estepa patagónica, sin agua ni mínimos servicios, la actividad minera creó un pueblo de la nada…”
Cabe destacar mucha gente de Pailemán y Los Berros (sobre todo) supo trabajar en la mina en tiempos de ovejas y vacas flacas. Pero además, la zona producía frutas, verduras, carne y hasta vino para abastecer al pueblo minero. Mientras estuvimos alojados en el albergue de la escuela de Pailemán, pudimos conocer y compartir algunas comidas con Don Carlos, oriundo de Pailemán, que trabajó en la mina y después se fue a trabajar a la mina de Sierra Grande (donde reside desde entonces). Sería muy extenso colocar aquí su historia de vida y sus anécdotas, así que conseguí una nota (de hace algunos años) con testimonios de gente que vivió en Mina Gonzalito

PELIGRO NO PASE on Flickr.Antigua Mina Gonzalito. Una mina de plomo, zinc y plata que ha dejado un pasivo ambiental enorme tanto en la boca como en San Antonio Oeste. No pasar pero andar x ahí también es peligroso…

PELIGRO NO PASE on Flickr.

Antigua Mina Gonzalito. Una mina de plomo, zinc y plata que ha dejado un pasivo ambiental enorme tanto en la boca como en San Antonio Oeste. No pasar pero andar x ahí también es peligroso…

…y otra vez…

i must to say thank you to The Broken Path for reblog and reblog

Luna Roja (15/4/2014) on Flickr.
“El salió y dejó la cama vacía
Se entregó al suave aire del desierto
Y entonces la vió
La luna roja
Sobre el mar negro
Luna roja”
“Primero león
Luego cordero
Ruega a Dios
Poder volver del desierto
Desde que vió
La luna roja
Sobre el mar negro
Luna roja”
“Cuidame
Yo te cuidaré
Yo también pagué placeres ciegos
Y no quiero ver
La luna roja
Sobre el mar negro
Luna roja”
“Es peligrosa
Es peligrosa
Es peligrosa
Es peligrosa
Te hace mortal
Te hace mortal”
Luna Roja - Soda Stereo (Dynamo - 1992)

Luna Roja (15/4/2014) on Flickr.


“El salió y dejó la cama vacía
Se entregó al suave aire del desierto
Y entonces la vió
La luna roja
Sobre el mar negro
Luna roja”

“Primero león
Luego cordero
Ruega a Dios
Poder volver del desierto
Desde que vió
La luna roja
Sobre el mar negro
Luna roja”

“Cuidame
Yo te cuidaré
Yo también pagué placeres ciegos
Y no quiero ver
La luna roja
Sobre el mar negro
Luna roja”

“Es peligrosa
Es peligrosa
Es peligrosa
Es peligrosa
Te hace mortal
Te hace mortal”

Luna Roja - Soda Stereo (Dynamo - 1992)

…and again…

quiero agradecerte Nur por rebloguear la entrada del antiguo observatorio astronómico de La Leona.

(y disculpá el exceso de confianza, pero si extrañas la Patagonia, te creo un poco más cercana)

la vista desde el balcón de “la Cueva de las Manos” on Flickr.Cañon del Río Pinturas, Santa Cruz
Patagonia Argentina

la vista desde el balcón de “la Cueva de las Manos” on Flickr.

Cañon del Río Pinturas, Santa Cruz
Patagonia Argentina

Thank YOU (one more time)

thanks to luxlit and the broken path for reblog

Urgent security update

staff:

Bad news. A major vulnerability, known as “Heartbleed,” has been disclosed for the technology that powers encryption across the majority of the internet. That includes Tumblr.

We have no evidence of any breach and, like most networks, our team took immediate action to fix the issue.

But this…

Creación de Kóoch on Flickr.En tiempos muy lejanos, tanto que no se pueden medir, en el mundo sólo existían dos cosas: Kóoch, que siempre estuvo, y una oscuridad muy densa. Y tanto tiempo pasó Kóoch en las tinieblas, y tal era su soledad y su pena, que un día empezó a llorar y fue tan profundo su llanto, que sus lágrimas formaron el Arrok, el Mar Amargo de las tormentas y las desazones.
Al advertir el crecimiento de las aguas, Kóoch suspiró, y así formó a Xóchem, el viento, que comenzó a correr arrastrando consigo a las tinieblas, preparando el camino para la llegada de la luz.
Cuando apareció la claridad, el creador del Universo se sintió tan feliz, que decidió continuar con su obra. La luz aún no era suficiente para poder apreciar totalmente el mar, por lo que levantando el brazo, y rasgó con tal fuerza el velo de la penumbra, que su gesto encendió una enorme chispa de fuego que siguió el derrotero de su mano. Así nació Xaleshem, el sol.
El calor del sol, al entrar en contacto con el mar, dio origen a las nubes, Teo.
El alocado viento comenzó a perseguir a las nubes, y su risa profunda y retumbante, dio origen a Katrú, el trueno. Teo, cansada de estos juegos, fulminó al viento con la mirada, y así nació Lüfke, el relámpago.
Sin embargo, pronto el dios comenzó a aburrirse, comprendiendo que su obra aún no estaba terminada. Comenzó por elevar parte de la tierra que estaba debajo del mar y construyó una isla, sobre la cual modeló las montañas y llanuras. Entonces, sus hijos, admirados por la belleza de la Isla, comenzaron a derramar sobre ella todos sus dones.
El sol enviaba su luz y su calor entibiando la tierra, la nube correteada por el viento, al rozar las altas montañas, derramaba la lluvia que llevaba en su vientre, formando ríos y arroyos.
Pronto la acción benefactora de todos ellos comenzó a rendir sus frutos, los ríos y arroyos formaron los lagos que se poblaron de peces, sus aguas regaron la tierra donde pronto nacieron las primeras plantas; sus suculentas hojas se convirtieron en alimento lo que trajo aparejado la aparición de los primeros animales.
Los primeros hijos de Kóoch se sentían celosos de la nueva creación y en ocasiones enviaban demasiadas lluvias anegando la tierra y matando las plantas. En vista de esta situación, Kóoch reunió a los revoltosos y les habló firmemente, y desde ese momento volvió a reinar la armonía.
En la isla creada por Kóoch todo se deslizaba apaciblemente pero fuera, Tons, la oscuridad absoluta expulsada por el viento del Universo Primigenio, pugnaba por recuperar la parte del cosmos que le correspondía por haber estado en ella desde siempre. Y para lograr su propósito creó un ejército compuesto por seres demoníacos.
Kóoch ya se había enterado de los planes de Tons. Si bien durante el día la mantenía a raya gracias a la presencia del Sol, durante la noche, la malvada oscuridad hacía de las suyas. Para impedirlo, el Creador dio origen a Keenyenkon, la luna, para que iluminara cuando el sol se alejara del cielo, pero ella se enamoró del rubio astro y no sólo lo acompañó durante algunos de sus viajes por el cielo, sino que muchas veces se perdía con él detrás de los Andes, sumiendo a la Isla en la negrura.
Kóoch decidió bendecir esta unión con la llegada de dos mellizos, Wun y Etensher, que eran los encargados respectivamente de avisar a los habitantes de la Isla la aparición o desaparición de sus padres, pero ni el cielo del amanecer ni el del ocaso tenían color alguno
Una noche, uno de los hijos de Tons, llamado Nóshtex raptó a la nube y la mantuvo cautiva durante tres días con sus respectivas noches, durante las cuales engendró en ella al semidios El’Al.
Kóoch, enterado de esta afrenta desató sobre el raptor una maldición, por la cual El’Al superaría en belleza y poder a su propio padre, y como si eso fuera poco, el futuro hijo sería admirado y venerado por todos los seres vivos.
Al conocer esta maldición, Nóshtex, presa de un furor inenarrable, abrió el vientre de Teo, la nube, con un puñal para así acabar con la criatura que crecía en su vientre. Sin embargo, Ter-werr, un tucutuco logró rescatar al niño con vida y lo escondió en su cueva. A pesar de todos los esfuerzos Teo murió desangrada. 
La sangre derramada por Teo salpicó a los mellizos hijos de la luna y el sol tiñéndolos de todos los tonos de rojo que hoy muestran el alba y el ocaso. De allí en más, los amaneceres y los atardeceres patagónicos poseen esos colores tan característicos.

Creación de Kóoch on Flickr.

En tiempos muy lejanos, tanto que no se pueden medir, en el mundo sólo existían dos cosas: Kóoch, que siempre estuvo, y una oscuridad muy densa. Y tanto tiempo pasó Kóoch en las tinieblas, y tal era su soledad y su pena, que un día empezó a llorar y fue tan profundo su llanto, que sus lágrimas formaron el Arrok, el Mar Amargo de las tormentas y las desazones.

Al advertir el crecimiento de las aguas, Kóoch suspiró, y así formó a Xóchem, el viento, que comenzó a correr arrastrando consigo a las tinieblas, preparando el camino para la llegada de la luz.

Cuando apareció la claridad, el creador del Universo se sintió tan feliz, que decidió continuar con su obra. La luz aún no era suficiente para poder apreciar totalmente el mar, por lo que levantando el brazo, y rasgó con tal fuerza el velo de la penumbra, que su gesto encendió una enorme chispa de fuego que siguió el derrotero de su mano. Así nació Xaleshem, el sol.

El calor del sol, al entrar en contacto con el mar, dio origen a las nubes, Teo.
El alocado viento comenzó a perseguir a las nubes, y su risa profunda y retumbante, dio origen a Katrú, el trueno. Teo, cansada de estos juegos, fulminó al viento con la mirada, y así nació Lüfke, el relámpago.

Sin embargo, pronto el dios comenzó a aburrirse, comprendiendo que su obra aún no estaba terminada. Comenzó por elevar parte de la tierra que estaba debajo del mar y construyó una isla, sobre la cual modeló las montañas y llanuras. Entonces, sus hijos, admirados por la belleza de la Isla, comenzaron a derramar sobre ella todos sus dones.

El sol enviaba su luz y su calor entibiando la tierra, la nube correteada por el viento, al rozar las altas montañas, derramaba la lluvia que llevaba en su vientre, formando ríos y arroyos.

Pronto la acción benefactora de todos ellos comenzó a rendir sus frutos, los ríos y arroyos formaron los lagos que se poblaron de peces, sus aguas regaron la tierra donde pronto nacieron las primeras plantas; sus suculentas hojas se convirtieron en alimento lo que trajo aparejado la aparición de los primeros animales.

Los primeros hijos de Kóoch se sentían celosos de la nueva creación y en ocasiones enviaban demasiadas lluvias anegando la tierra y matando las plantas. En vista de esta situación, Kóoch reunió a los revoltosos y les habló firmemente, y desde ese momento volvió a reinar la armonía.

En la isla creada por Kóoch todo se deslizaba apaciblemente pero fuera, Tons, la oscuridad absoluta expulsada por el viento del Universo Primigenio, pugnaba por recuperar la parte del cosmos que le correspondía por haber estado en ella desde siempre. Y para lograr su propósito creó un ejército compuesto por seres demoníacos.

Kóoch ya se había enterado de los planes de Tons. Si bien durante el día la mantenía a raya gracias a la presencia del Sol, durante la noche, la malvada oscuridad hacía de las suyas. Para impedirlo, el Creador dio origen a Keenyenkon, la luna, para que iluminara cuando el sol se alejara del cielo, pero ella se enamoró del rubio astro y no sólo lo acompañó durante algunos de sus viajes por el cielo, sino que muchas veces se perdía con él detrás de los Andes, sumiendo a la Isla en la negrura.

Kóoch decidió bendecir esta unión con la llegada de dos mellizos, Wun y Etensher, que eran los encargados respectivamente de avisar a los habitantes de la Isla la aparición o desaparición de sus padres, pero ni el cielo del amanecer ni el del ocaso tenían color alguno

Una noche, uno de los hijos de Tons, llamado Nóshtex raptó a la nube y la mantuvo cautiva durante tres días con sus respectivas noches, durante las cuales engendró en ella al semidios El’Al.

Kóoch, enterado de esta afrenta desató sobre el raptor una maldición, por la cual El’Al superaría en belleza y poder a su propio padre, y como si eso fuera poco, el futuro hijo sería admirado y venerado por todos los seres vivos.

Al conocer esta maldición, Nóshtex, presa de un furor inenarrable, abrió el vientre de Teo, la nube, con un puñal para así acabar con la criatura que crecía en su vientre. Sin embargo, Ter-werr, un tucutuco logró rescatar al niño con vida y lo escondió en su cueva. A pesar de todos los esfuerzos Teo murió desangrada.

La sangre derramada por Teo salpicó a los mellizos hijos de la luna y el sol tiñéndolos de todos los tonos de rojo que hoy muestran el alba y el ocaso. De allí en más, los amaneceres y los atardeceres patagónicos poseen esos colores tan característicos.

el hombre de la bolsa on Flickr. [the bagman]
Avelino iba a buscar “leña”

el hombre de la bolsa on Flickr. [the bagman]

Avelino iba a buscar “leña”

Kósten, el suspiro de Kóoch on Flickr.el viento patagónico

Kósten, el suspiro de Kóoch on Flickr.

el viento patagónico

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